A que no; a él, no me parezco, mujer
Se abre el telón y se ve un hombre sentado en un banco, cerca de la puerta R28, en la recién construida y muy moderna terminal cuatro (T4) del aeropuerto de Barajas escuchando música. ¿A quién? No sabemos ni no nos importa, pero lo que sí, nos interesan son los cascos grandes de la marca Sony que cubren su pelo súper rizado porque se le hace parecer a un DJ. Pasan algunos minutitos y viene, tras él, casi a hurtadillas, una mujer que está pasada como la leche fresca dejada fuera sin refrigeración durante varios días, o sea, que ella no es tan joven para acercarse a él así de interés amoroso. Además, ésta tiene el cabello suelto, poco rizado teñido de rubio y, de lo que podemos oír, una voz de contralto que sólo se debe, supuestamente, a años fumando los Lucky Strike. La conversación entre ellos era la siguiente:
-Perdona, sólo quería saludarte -dijo con ansiedad la mujer.
-¿Saludarme? Ni te conozco -respondió él.
-Yo, a ti, sí. Eres Carlos Jean -saltó.
-¿Yo? ¿Carlos Jean? ¡Anda ya! -añadió.
-¿Pero lo conoces? -preguntó mientras dándose cuenta de su error.
Afirmando con la cabeza, indicó que sí y la mujer salió jurándole al hombre, como si estuviera ante un juez, "es que te pareces a él, eh." Y yo, como el narrador, os refiero al título para enteraros del último comentario mío.

Escribe un comentario